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Cuatro hombres con fe

La madrugada del domingo del 14 de junio del 2015, Juanmi Liñan se despertó en varias ocasiones. A las nueve de la mañana, cuatro horas antes de lo previsto, ya estaba en el bar El coto, donde había quedado con los demás. José Arie durmió profundamente, aunque poco, después de una noche de fiesta. Entró en el bar a las doce y media. El tercero en llegar fue Jorge Uriel. Ese día no se levantó temprano para trabajar, ni tenía ninguna ceremonia en la parroquia, pero apuró la mañana para finalizar un trabajo académico. Los tres sabían que el último en acudir iba a ser Carlos Anadón, que en ese instante miraba el reloj con impaciencia, sentado en una butaca del teatro. Su hijo Daniel tocaba el violín en el festival de fin de curso y la actuación llevaba retraso. 413 kilómetros los separaban de Gerona y el tiempo estimado del viaje en coche era de tres horas y cuarenta y cinco minutos. Si Carlos se demoraba, no llegarían a la cinco de la tarde, hora de comienzo del partido de fútbol entre el Girona F.C y el Real Zaragoza. Era el encuentro de vuelta del primer play-off de ascenso a Primera División, la oportunidad que los salvara de ocho temporadas de pesadilla.

 

violín pequeño
Habitación de Daniel

 

Salvo Carlos, que es socio del Real Zaragoza desde hace treinta años, el resto se abonó en las ligas cercanas a la llegada de Agapito Iglesias como propietario en mayo del 2006. Agapito dirigía Codesport, un poderoso grupo de empresas deportivas y de construcción. Contó con el beneplácito de las autoridades políticas aragonesas, que vieron en él al inversor adecuado para conseguir una gran plantilla. Faltaban dos años para que se celebrara en la ciudad la Exposición Internacional y el equipo de fútbol tenía que ser otro motivo de orgullo, un elemento más para dotar de protagonismo a Zaragoza en el ámbito europeo. A cambio de su compromiso, los políticos le prometieron ser el constructor del nuevo campo de fútbol y de naves industriales en PLAZA, una plataforma logística de primer nivel. Esa vinculación entre política, deporte y empresa quedó sellada con un nombramiento inaudito: Eduardo Bandrés, que hasta entonces había sido consejero de Economía, Hacienda y Empleo del Gobierno de Aragón, se convirtió en Presidente del Real Zaragoza, probablemente para controlar desde dentro a Agapito. Desconfío de todo lo que viene de la política, porque es corrupción, corrupción y construcción, dice Carlos, y Jorge añade: decían que íbamos a ser unos grandes de Europa. Sí, sí, eso hay que verlo con el tiempo.

Agapito anunció la contratación de Víctor Fernández, el entrenador que logró la Recopa de Europa en 1995. Se fichó a Pablo Aimar, D´Alessandro, Diogo o se consiguió la cesión de Piqué. El propietario logró vencer las reticencias iniciales de la afición, aunque siempre quedaban escépticos como Carlos: el fichaje de Aimar fue lamentable, era un jugador veterano y con lesiones graves. En cuanto a Víctor Fernández, las segundas partes nunca fueron buenas. En esa temporada el conjunto quedó sexto y se clasificó para jugar la UEFA. Todo parecía seguir el guión previsto.

En la temporada 2007-2008 la plantilla se reforzó con Oliveira, Ayala y Gabi. Sin embargo, el juego fue desastroso, el Real Zaragoza fue eliminado en la primera fase de la UEFA contra el Aris de Salónica y perdió demasiados partidos en liga. Víctor Fernández y sus sustitutos (Garitano, Irureta y Villanova) no enmendaron la situación, ni apaciguaron la guerra interna en el vestuario: el Zaragoza descendió a Segunda División. Fue incomprensible, por calidad tendrían que haber estado arriba, asegura Jorge. Agapito no fue el responsable, la causa fue deportiva, explica Juanmi.

Afortunadamente, en la siguiente temporada se ascendió. Pero los planes del propietario se empezaron a torcer: la Exposición Internacional concluyó y la región sufrió los efectos de la crisis económica. Los políticos renunciaron al proyecto de la construcción del nuevo estadio.

El divorcio se escenificó en la temporada 2009-2010 con la dimisión de Eduardo Bandrés. Agapito Iglesias asumió la presidencia y, libre de control, cambió el rumbo en la dirección del club. Buscó resarcirse en el mercado futbolístico de las pérdidas que le supuso no edificar el campo.

 

Las empresas del grupo Codesport adquirían a los jugadores a un precio sobrevalorado y luego los vendían al Real Zaragoza, y las que realizaban los estudios técnicos sobre la conveniencia de los fichajes, emitiendo abultadas facturas. Matusalem, Sinama Pongolle o Marco Pérez son ejemplos. Cuando el club vendía a los jugadores, que ya eran de su propiedad, lo tenía que hacer a un precio inferior al de compra, asumiendo pérdidas. Una palabra se hizo omnipresente en las conversaciones de los contables: deuda.

En junio del 2011 el Real Zaragoza presentó concurso voluntario de acreedores para intentar acordar los pagos pendientes con otros equipos, Hacienda, cajas de ahorros y proveedores, más de ciento cuarenta y cinco millones de euros. Fue la medida desesperada adoptada por Agapito para conservar la gestión, ya que, en caso de que cualquiera lo denunciase por impago, el concurso pasaría a ser obligado y perdería el control de la entidad. En mayo del 2012 salió de esta situación jurídica tras llegar a un acuerdo con los acreedores y concretar un calendario de pagos para los años venideros. Agapito negaba la gravedad de las cuentas, pero la gente sabía que mentía, que era un cínico y prepotente, dice Jorge.

En lugar de reducir gastos, se rodeó de numerosos directivos y consejeros, y nombró a Fernando Molinos como nuevo presidente en junio del 2012. José, Juanmi y Jorge creen que la estructura de la entidad era excesiva, aunque Carlos piensa que con los ingresos procedentes de los anunciantes y de los derechos televisivos se lo podía permitir. Puede que esté en lo cierto, siempre que el Zaragoza se mantuviera en Primera.

En lo deportivo, el equipo vivió una época convulsa con continuos cambios de entrenador y de jugadores. En la temporada 2009-2010 certificó la permanencia en la penúltima jornada; en la siguiente en la última, en un encuentro no acto para cardíacos frente al Levante; en la 2011-2012 también se salvó en el último encuentro, esta vez contra el Getafe. ¿Suerte, saber jugar la recta final de la liga o influyó algo más?

José y Jorge recuerdan partidos en que los rivales se paseaban en La Romareda y parecían no querer disputar el balón. Algo hubo, contra el Getafe expulsaron a tres de sus jugadores y el año anterior, el Levante estaba sentado en el césped, dice Juanmi. La esposa de Carlos lo tranquilizó en este último encuentro al observar in situ que no pasaban del centro del campo. Y eso que a Pilar no le gusta el fútbol ni entiende el juego. La sospecha fue denunciada en la prensa: algunos aseguraban haber oído decir a Agapito en los palcos que los zaragocistas debían despreocuparse porque el partido estaba apañado. El testimonio del presidente de otro club fue demoledor: “Un entrenador no aceptó fichar por el Zaragoza (…) Dijo en una mesa, con mucha gente delante, que no aceptó porque el dueño, Agapito, le dijo que ganara los primeros partidos, que de los ocho últimos ya se encargaba él”. Se piensa que ese entrenador era Michel que, ante el comentario, se sintió ofendido y abandonó las negociaciones. El asunto llegó a los tribunales y, en la actualidad, un juzgado de Valencia investiga la presunta compra del partido disputado contra el Levante.

Muchos seguidores dejaron de ser socios. Nuestros hombres no lo hicieron. Les impidió hacerlo la lealtad, entender que el Real Zaragoza representa a la ciudad y a la región y no querer traicionar ese vínculo, y, sobre todo, que acudir a La Romareda es un acto de reunión familiar). José va al estadio con su padre, su cuñado y su sobrino, Jorge con su tío y sus primos, y Carlos lo hacía con su padre. El único que no fue con la familia es Juanmi, aunque esta es el motivo de que sea socio. A mí no me gustaba el fútbol, pero cuando murió mi padre caí en una depresión, me dice con un nudo en la voz. Mi mujer me animó a ir al campo para distraerme y un día lo hice con mi amigo Jesús. Me encantó el ambiente.

 

En la temporada 2012-2013 el equipo obtuvo los peores resultados en toda su historia, acabó colista en la clasificación y descendió de categoría. Además de pelear en Segunda, el Zaragoza debía saldar la deuda con menos ingresos, puesto que la taquilla y los derechos televisivos son menores en esta división.

A diferencia de la anterior oportunidad, en que se consiguió el ascenso inmediatamente, en la temporada 2013-2014 no pasó lo mismo. En marzo, Víctor Muñoz sustituyó a Paco Herrera como entrenador, pero lo único que logró fue salvar al equipo de la Segunda División B, lo que habría significado su desaparición.

 

La hierba fresca también crece al borde del abismo. Juanmi, que era miembro de la peña Acento maño, siempre se había preguntado por qué Utebo, una localidad con cerca de veinte mil habitantes, no contaba con su propia peña y decidió solucionarlo. Creó cuentas en las redes sociales para buscar aficionados interesados en formarla y, en seguida, contactaron un puñado de fieles entre los que estaban Jorge y Carlos. Se reunieron y establecieron las bases del proyecto con el Zaragoza a punto de descender a Segunda B. Antes de comenzar la temporada 2013-2014 la constituyeron formalmente con ochenta personas, José fue una de ellas. Tuvo que venir uno de Casetas a Utebo a montar la peña zaragocista, dice en referencia a Juanmi.

La sede está en un salón de la planta baja del bar El coto. Las paredes muestran bufandas de otras peñas o de conjuntos rivales, banderas firmadas por jugadores y fotografías de los viajes. Hoy el número de peñistas se acerca a doscientos. Juanmi, que es el presidente, cree que el aumento se debe a las actividades que realizan: campeonatos de guiñote y futbolín, comidas populares, recogida de alimentos y juguetes para el Fondo de alimentos, organización de salidas a otros estadios, acompañamiento de niños a La Romareda, reparto de regalos el día de Reyes. Carlos, el vicepresidente, era crítico con las peñas que se creaban con el objeto de conseguir descuentos facilitados por el club y la Federación en los abonos y los desplazamientos. Tienen que hacer actos, no las concibo como algo vacío y sin contenido, dice. A Juanmi le ilusiona celebrar todas las iniciativas, pero me confiesa que hay algunas especiales. Comenta que leyó las cartas que los niños echaron al buzón para Los Reyes Magos y que se emocionó: la mayoría pedían trabajo para sus padres.

En los partidos como local, los peñistas de Utebo se sientan en la parte de arriba del fondo sur. Ver el fútbol todos juntos es distinto, supone mucho, recalcan Jorge y José. Todos coinciden en que se han hecho amigos de personas que no conocían antes, en que la convivencia en los viajes y en los actos es fundamental. Han creado un grupo de WhatsApp en el que discuten sobre alineaciones, sistemas de juego, política y cualquier asunto. A pesar de las diferencias, el Real Zaragoza les ha unido. Hace cinco años murió el padre de Carlos. Volver al campo solo, sin él, fue duro. Pensé: para qué quiero ir al fútbol, me dice con los ojos húmedos y se toma un instante para continuar. Luego vino lo de la peña y, gracias a eso, sigo viendo al Zaragoza.     

 

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Agapito Iglesias en los juzgados.

 

Agapito era la persona más odiada en la ciudad. Los medios de comunicación lo criticaban; los juzgados lo imputaron por el supuesto amaño en el partido contra el Levante y por las sospechas de un desvió de cincuenta millones de euros en la construcción de las obras de PLAZA; el Gobierno de Aragón le presionaba para que abandonara el club y evitar su bancarrota; su hijo fue agredido en un bar, y la afición se echó a la calle. El 14 de enero del 2012 diez mil zaragocistas se concentraron en las puertas de La Romareda y pitaron al palco en el minuto 32 del partido; protestas que se repitieron en los años siguientes con una manifestación en la plaza del Pilar. Agapito estaba acorralado.

Finalmente cedió y hubo negociaciones para vender sus acciones a un grupo inversor mejicano y al pakistaní Kadir Sheikh Abdul, aunque ninguna fructificó. El acuerdo llegó en julio del 2014, casi agotado el plazo para evitar el descenso administrativo a Segunda División B por impago de deudas. Se cerró con la Fundación Zaragoza 2032, formada por importantes empresarios aragoneses —Alierta (Telefónica), Yarza Mompeón (Heraldo de Aragón), propietarios de la cervecera Ambar, Irribaren—. Agapito les vendió el 72 % de las acciones y donó otro 18 % para su reparto entre abonados y accionistas. Su historia en el Real Zaragoza concluyó. Se abría un periodo de incertidumbre y, a la vez, esperanzador.

En muy poco tiempo, la nueva directiva saldó parte de lo adeudado y negoció con la Agencia Tributaria un aplazamiento del debe; también confeccionó la plantilla con jugadores libres y cedidos, puesto que la Liga de Fútbol Profesional le impuso una restricción presupuestaria y en el número de fichas, tan solo dieciocho, cuando una plantilla profesional suele estar compuesta por veinticinco. Continuó Víctor Muñoz de entrenador, pero sin la confianza de los nuevos gestores. Quizás porque pensaban lo mismo que Carlos: ya no tiene hambre y su planteamiento técnico es arcaico. O que barajaran otra persona para encargarse del equipo. El 24 de noviembre del 2014 fue destituido después de haber perdido contra el Numancia y declarar que había sido el mejor partido en lo que llevaban de campeonato.

Ranko Popovic lo reemplazó. La prensa revisó los almanaques para conocer quién era el nuevo míster: jugador en Yugoslavia y durante dos años en el Almería, su experiencia se limitaba a dirigir equipos austriacos y japoneses. Se cree que Irribaren se fijó en él en sus visitas al país nipón, en donde posee intereses económicos.

A Juanmi, que está estudiando para ser entrenador, no le agrada. Una persona que tiene miedo no puede estar en un banquillo, dice. José es de igual opinión: Popovic es un vende humo. Le gusta mucho hablar, pero no tiene ni idea. No está preparado porque viene de Japón, una liga menor.

Sus primeras decisiones fueron sentar a Whalley, el portero titular con Víctor Muñoz, y situar en la banda al delantero William José, una de las estrellas. El brasileño estuvo eclipsado por Borja Bastón, aunque él era el que le abría los espacios, escondía el balón y daba buenos pases para que marcara, dice Carlos. El delantero se quejó en rueda de prensa de su nueva ubicación en el césped y Popovic lo condenó a la suplencia. Solo salía en los últimos minutos y, desanimado e indolente, su rendimiento bajó. La afición empezó a pitarle.

La temporada 2014-2015 fue irregular: los jugadores nuevos debían acoplarse y el entrenador, encontrar el sistema adecuado. Jorge piensa que es lo normal porque la Segunda es muy igualada. Para él, conseguir los primeros puestos que daban el ascenso directo era algo imposible ya en Semana Santa: el resto de equipos estaban muy fuertes y no fallaban.

En la última fase del campeonato, Popovic cambió la estrategia colocando a cinco jugadores en la defensa. A pesar del bajón físico de la plantilla, recordemos que sólo contaba con dieciocho hombres, los goles de Borja Bastón y el nuevo dibujo técnico consiguieron puntos para, por lo menos, tener opciones de clasificarse para las eliminatorias de ascenso. La Ponferradina era el único rival capaz de arrebatarle el sexto puesto que daba derecho a eso. Se encontraba a un punto a falta de la última jornada.

El Real Zaragoza se enfrentó en ella al Leganés con la baja del goleador Borja Bastón, que todavía estaba convaleciente de la lesión que sufrió en Valladolid unas semanas antes. William José volvía a la titularidad después de meses en el ostracismo. El Leganés fue el primero en marcar, pero el Zaragoza no se amedrentó y logró el empate. William José transformó el penalti: había llegado la hora de reivindicarse. En el minuto 37,  corrió a por el balón desviado por el portero, de espaldas al área inventó una genialidad: dio un pase de tacón perfecto que sorprendió a la defensa madrileña. Eldin lo aprovechó y goleó sin oposición. El Zaragoza se ponía por delante, pero el partido era muy disputado. Tres minutos después el Leganés volvía a igualar. La segunda parte fue agónica, bajo un sol de justicia, los deportistas llegaron agotados al final del encuentro. 2-2 fue el resultado. Suficiente porque la Ponferradina empató y no pudo sobrepasar al Zaragoza en la clasificación.

 

Willian José
Willian José

 

Quedando en sexto lugar, el rival en la promoción era el tercer clasificado en la liga. Ese puesto correspondió al Girona. El equipo catalán dependía de sí mismo para lograr el ascenso directo, pero en los minutos de descuento de su partido, un gol del Lugo se lo arrebató. Entre los posibles adversarios, nuestros hombres preferían al Girona y por eso estaban esperanzados en pasar a la siguiente ronda. Era un equipazo, pero nunca ha estado en Primera, su afición es poco ruidosa, como mucho gritan: Girona, Girona; dice Carlos, imitando el cántico de una animadora adolescente. A pesar de quedar terceros, era más flojo que el Valladolid o que Las Palmas, el campo es más pequeño, su afición no aprieta, no tienen historia y la moral de los jugadores estaría baja tras perder en el último suspiro la oportunidad de subir, explica José.  El Girona tampoco parecía descontento con el contrincante que le había tocado en suerte: el Zaragoza, variable durante la competición, había acabado cansado y había sufrido mucho para clasificarse. Sandaza, su máximo goleador, dio a entender que el equipo maño era un simple trámite para alcanzar la ronda decisiva.

El jueves 11 de junio del 2015 se enfrentaron en La Romareda. A la baja de Borja Bastón, se sumó la del portero Bono, que fue convocado por su selección para disputar la clasificación de la Copa África. El joven Whalley volvía al equipo después de meses en la suplencia. El Zaragoza jugó un buen partido, muy buen partido, aunque se encontró bajo la portería a Isaac Becerra, que repelió todas las ocasiones de gol. Esa fue la diferencia esencial entre los dos conjuntos. Whalley cometió un error gravísimo al no despejar o atrapar el balón en una cesión fácil para él. Mata aprovechó su indecisión y le robó la pelota para marcar el primer tanto. Sin duda, el portero canterano ha sido el principal damnificado de ese encuentro, fue cedido y ahora milita en el Huesca. Me pregunto si el fútbol es cruel para los cancerberos, si a ellos no se les perdonan los fallos como a los puntas. Es un profesional, que yo sepa no se le ha lapidado, dice Carlos. Lo que me indignó es que no se cabrease después de la cagada. No tiene sangre.

El Zaragoza perdió el duelo por tres goles. Todavía quedaba la vuelta, pero la remontada parecía imposible, el augurio de Sandaza iba a cumplirse. Nuestros hombres regresaron a casa resignados, había que pensar ya en la próxima temporada.

El viernes, Jorge se levantó con un pálpito: superarían la eliminatoria. Así lo dijo en el grupo de WhatsApp y animó a los peñistas a viajar a Gerona. Carlos fue el primero en aceptar la propuesta. Le dijo que si llenaba un coche, él conseguiría las entradas. Lo primero estaba siendo difícil, porque, aunque antes del partido de La Romareda, muchos habían expresado su intención de ir a la vuelta, con un resultado tan adverso se arrepintieron. José fue el siguiente en sumarse. Yo después del partido dije que no iba a Gerona ni muerto, pero ya ves. Juanmi no había visitado otro estadio a lo largo de la liga. Les dijo que si convencían a María Jesús, su mujer, él se apuntaba. Jorge no perdió un segundo y durante la noche del viernes le envió numerosos mensajes: déjalo ir, déjalo, deja a Juanmi. Su insistencia fue recompensada.

Quedaba pendiente superar el último obstáculo: que la actuación de Daniel terminara a tiempo para que pudieran llegar a la hora del partido. En cuanto Carlos supo que se disputaría el domingo, coincidiendo con el festival musical, pidió al profesor de Daniel que  adelantara su participación. Accedió, pero solo pudo programarla para el final de la mañana. El niño recibió calurosos aplausos, enfundó el violín y Carlos lo recogió para salir disparado hacia casa.

Llegó a la una y cuarto al Coto y encontró ilusionados a los demás. Sin prolegómenos subieron al coche. No sé qué estamos haciendo, dijo Juanmi. Cuando anunciaron que viajaban a Gerona, la mayoría de sus amigos los tacharon de locos. Nadie daba un duro y aunque había dos entradas y asientos libres en el coche, nos fuimos solos, recuerda Carlos. Ellos pensaban que ganarían el partido, aunque veían imposible superar la ronda. Querían acompañar al equipo, no abandonarlo en una situación desfavorable. Jorge era el único que creía en la remontada y tenía un plan para contagiar su entusiasmo. Vamos a hacer algo grande. Este viaje se lo contaremos a nuestros hijos y a nuestros nietos, les decía con el himno del Zaragoza a todo volumen. Pregunto a Jorge, que es creyente y catequista, si, salvando las distancias, fue un acto de fe. Me sonríe y responde: yo fui a ver un milagro.

 

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De camino a Gerona.

 

Una llovizna empezó a caer a veinte kilómetros de Gerona. El GPS estaba desactualizado y se pasaron la salida que conducía al campo. A las cinco menos diez aparcaron y fueron corriendo a la entrada. Cruzaron entre la afición gerundense, que los observaba con asombro: pero estos tontos dónde se creen que van, dice Jorge que parecían pensar. Tras superar el cacheo policial, se comieron, camino de sus localidades, el bocadillo que  habían guardado para no parar en el trayecto. Estaba tan nervioso que no tenía hambre, me lo comí al final del partido, explica José.

En el espacio reservado para los zaragocistas, solo había unas sesenta personas: peñistas de Maluenda, Parque Goya, algún aficionado de la zona y el Ligallo. José habló con la presidenta de la peña Parque Goya, que había ido sin dormir después de salir de su guardia de enfermería. Jorge y Carlos se colocaron abajo, junto a la valla, para animar. José y Juanmi se sentaron en unas filas más arriba.

En los primeros compases del duelo, la afición gerundense cantó: “Adiós Zaragoza, adiós” o “Independencia, independencia”. Ellos contestaron: copón, copón, Cataluña es de Aragón.

En las imágenes de los zaragocistas en el túnel de vestuarios se les ve concentrados y con motivación. Eso se plasmó en el terreno, el equipo jugó sin complejos, como si la derrota anterior no hubiera existido. Las jugadas a balón parado, que hasta entonces habían sido un factor desaprovechado, tuvieron éxito en esta ocasión. Un falta lanzada fue interceptada con la mano por un defensa del Girona. El encargado de chutar fue William José, el denostado, y lo hizo con fuerza para batir al portero. Era el minuto 19. Bono, que había vuelto de su cita con la selección, paró un buen disparo de Aday. Luego el árbitro anuló un gol del Girona por fuera de juego. Carlos cree que el Zaragoza tuvo mucha suerte, la que le faltó en la ida. En el minuto 33, el Zaragoza lanzó una falta desde la banda izquierda. William saltó y de un testarazo batió a Becerra. La afición gerundense enmudeció y su equipo comenzó a competir con miedo, temiendo que el contrincante diese la vuelta al resultado. Otra falta y otro remate portentoso, esta vez de Cabrera, dieron el tercer gol al Real Zaragoza. La grada estalló de alegría. No sé cómo me enganché, pero las gafas salieron volando, recuerda Jorge.

Llegó el descanso y recibieron multitud de mensajes de amigos que veían el partido en la televisión. José pensó que la remontada ya estaba conseguida porque el conjunto mostraba seguridad y ambición. Les habíamos dado un repaso en la primera parte, dice.

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En el descanso. De izquierda a derecha: Carlos, Juanmi, Jorge y José.

 

En la reanudación hubo oportunidades por parte de ambos equipos. Y llegó el minuto 67. Rico, el defensa lateral izquierdo, recibió un balón en la banda, cerca del área del Girona. Intentó un regate, pero su intención fue leída por el defensa que tocó el balón. Aún así, Rico continuó con él y chocó con el siguiente oponente. La pelota rodó libre, Rico, trastabillado, hizo un esfuerzo y se lanzó a la hierba para centrar raso. En la banda contraria, Fernández corrió hacia el esférico y chutó, goleando a media altura. El sistema implantado por Popovic en el último tramo de la liga surtió efecto: el gol había sido obra de los defensas laterales, que sin temor a dejar desguarnecida la zaga, en la que quedaban otros tres compañeros, subieron la banda para crear peligro. Juanmi dice que la gente ya bajaba hacia la valla cuando Rico centraba, veía venir el gol. No me acuerdo de nada, solo que abracé a Carlos. Estaba en una nube. Es más, intentaba cantar y no me salía la voz, dice Jorge. Me di la vuelta y vi a Juanmi correr las escaleras abajo.

Machín, el entrenador del Girona, reparó en el error cometido al alinear a jugadores  suplentes para dar descanso a los titulares, puesto que ya pensaba en la siguiente ronda. Introdujo a Sandaza, que revolucionó el partido. Es cuando peor lo pasé, los cambios mejoraron mucho su juego, dice José. En el minuto 73, el Girona colgó una pelota al área y Aday superó al defensa y a Bono para marcar el primer gol de su equipo. Con el 1-4 el Real Zaragoza seguía superando la eliminatoria, en caso de empate en el total, los goles conseguidos fuera de casa poseen más valor: el Zaragoza llevaba cuatro y el Girona había conseguido tres en La Romareda.

Con el tanto de los catalanes, la grada blanquilla pasó miedo. Quedaban muchos minutos para el final, más los que añadió el árbitro por las interrupciones durante la segunda parte. A pesar del contraataque del Girona que acabó con un disparó rozando el palo, Carlos estaba tranquilo. Asegura que las sensaciones que transmitían los gerundenses eran pésimas. Jorge miraba una y otra vez el marcador. Para ascender hay que sufrir, se decía. Esa fue la clave según Juanmi: se supo sufrir.

El último lance del partido fue un disparo de Rico a puerta vacía desde lejos, Becerra había subido al terreno del Zaragoza para rematar. El balón botó lentamente hasta golpear el palo derecho. Daba igual, el árbitro pitó el final: el Zaragoza pasó a la siguiente fase de la promoción.

Los zaragocistas se abrazaron, daban saltos y gritos, no se podían creer lo ocurrido. Las cámaras de televisión enfocaban el júbilo, en contraste con la desolación de los catalanes. Los móviles echaban humo, Jorge recuerda un mensaje que lo emocionó. Su amigo le escribió: muchos se sumaron al barco al descanso. Vosotros fuisteis de los pocos que estuvieron desde el principio.

Aguardaron tres cuartos de hora a que se desalojara el estadio y a la salida se encontraron con una sorpresa: el presidente de la peña Inmortal de Girona esperó para felicitarlos y desearles suerte en la próxima eliminatoria. Eso es una rivalidad bien entendida. El fútbol es eso. A mí me habría costado mucho tener ese gesto, confiesa Carlos.

Subieron al coche y bajaron las ventanillas para que todos pudieran escuchar el himno del Zaragoza. Juanmi habló con Vallejo, una de las perlas de la cantera y pieza fundamental del conjunto, que le dijo que el tren en que viajaban regresaría a las once de la noche. José preguntó a Carlos si podrían estar a esa hora. Hombre, si le piso llegamos.

Aparcaron mal en las inmediaciones de la estación. El hall estaba abarrotado con cerca de tres mil personas, la mayoría vestidas con la camiseta del equipo. Cuando Vallejo los vio  no daba crédito: ¡Si habéis llegado antes que nosotros! No creo que vuelva a vivir un día así en mi vida, concluye José.

Nuestros hombres fueron recibidos como héroes. Todo eran felicitaciones y muchos les dijeron que habían tenido intención de ir también, pero no pudieron… Sus imágenes celebrando los goles aparecieron en informativos y los invitaron a un programa de la televisión regional, en el que Jorge fue entrevistado. Incluso fue parado en la calle por un extraño para hacerse una foto con él. Los compañeros de José lo apodaron El hombre de Gerona. Estaban eufóricos, pero todavía quedaba un escollo para subir: el equipo de Las Palmas.

En la temporada anterior los canarios se quedaron a las puertas de la gloria, perdiendo en el descuento la promoción. Tendrían presión después de lo que pasó y nosotros estábamos en un estado de ánimo pletórico. En el fútbol cuentan mucho las sensaciones, dice Carlos. La ida se jugó en La Romareda. La afición llenó el estadio como en las grandes citas. Juanmi se queja amargamente: dónde estaba esa gente en el partido de Gerona. Los zaragocistas son ventajistas. Todo el mundo llamaba para conseguir entradas, dice Carlos. El Real Zaragoza hizo un magnífico partido y venció 3-1.

El resultado era engañoso porque nos marcaron un gol y los tantos fuera de casa valen más en caso de empate, explica Juanmi. Aún así, los peñistas estaban confiados en la victoria. Solo había que cerrarse atrás y aprovechar los contraataques.

El único que viajó hasta la isla fue Carlos. He hecho catorce desplazamientos este año y este va a ser el quince y voy a acabar como un campeón, pensó. En Utebo, el salón de la peña estaba repleto, también el bar, y más de cuarenta personas vieron el partido en una televisión gigante colocada en la calle. Juanmi llevó un bombo para animar.

Allí hubo siete u ocho veces más ambiente que en Zaragoza. Eran una marea amarilla. De esta forma describe Carlos a los seguidores canarios.

El Real Zaragoza jugó muy mal. Sin contar con la posesión, únicamente creó peligro en dos ocasiones, la más clara un cabezazo de Dorca al larguero tras un saque de esquina. En el minuto 32, un gran ataque de los canarios acabó en gol.

En la reanudación no hubo mejoría. Las Palmas acosó al Zaragoza, les anularon de forma justa dos goles y contaron con muchas oportunidades, como un balón que repelió el travesaño. Cuando restaban veinte minutos para concluir el partido, Carlos lo vio fácil: ya no llegaban tanto a puerta, se les notaba ansiosos y la afición comenzó a silbar. El Zaragoza resistió hasta el minuto 84, a un paso de alcanzar el sueño. Bono salió a despejar una falta, pero erró. El balón cayó a la derecha del área pequeña, fue centrado y Araujo lo introdujo en la red. Con el 2-0 Las Palmas ascendía gracias al tanto marcado en La Romareda.

Los peñistas estaban hundidos en Utebo. Jorge se quedó solo sentado frente al televisor. En Gran Canaria, para Carlos lo peor fue la salida. Los seguidores rivales hicieron un pasillo de 600 metros desde la salida del estadio a los autobuses que esperaban a los zaragocistas. Hubiera preferido que me escupieran a los aplausos, eso habría significado que habíamos ganado. Carlos rompió a llorar en ese pasillo.

 

Anuncio que quiero que me respondan sin meditar a la última pregunta. Les planteo que se imaginen la posibilidad mágica de que el equipo hubiera subido a cambio de que ellos borrasen de su experiencia la alegría vivida en Gerona. ¿Qué harían? Tres me responden que renunciarían a la gesta que presenciaron para que el Real Zaragoza estuviera en Primera. Que el equipo está por encima de ellos. La mirada de Jorge desprende brillo. Lo vivido es lo vivido y lo de Gerona no nos lo quita nadie, dice para afirmar que él no la cambiaría.

Todos me contestaron instintivamente, con rotundidad, pero me sorprende que con la grabadora apagada me pregunten qué han respondido los otros. Sonrío y les digo que ya lo leerán.

 

A fecha de hoy el Real Zaragoza se encuentra segundo en la clasificación y ascendería directamente en caso de acabar la liga en este puesto. Lo necesita, los ingresos que generaría son esenciales para saldar los pagos aplazados. En caso contrario puede que desaparezca. Agapito se fue, pero dejó la deuda.

 

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